6 de enero de 2009

TEATRO, TEATROA, RONLALÁ, TEATRO; LO TUYO ES…

Entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre del 2008, y como parte de las actividades que debían formar parte del, ya para de costumbre clausurado, Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo, el Centro Cultural de España presentó LO TUYO ES PURO TEATRO… un compendio de obras de diversas tendencias y temáticas, que no solo dan muestra de la salud del teatro español sino también de lo amplia y vasta que es la contemporaneidad escénica.
El Desahucio, Cigarra y Hormiga, La Taberna de los Cuatro Vientos y El Mundo Está Bien Hecho, son solo cuatro de los títulos que conformaron la muestra, para cuyo complemento también fueron exhibidos El Florido Pensil y Mundo y Final, propuestas que a mi juicio destacaron sobre las demás tanto por la eficacia en el tratamiento temático como en una acabada factura escénica, y sobre las cuales paso a abundar.

El desahucio

El Florido Pensil de Andrés Sopeña Monsalve, fue la propuesta con que hizo su debut en tierras dominicas la compañía vasca Tanttaka Teatroa, aunque lo de debut es casi una ironía dada la larga y destacada trayectoria con que cuenta la misma. Con más de 10 años de presentaciones pero sin perder un ápice de frescura, este montaje nos hace un variopinto repaso a lo que fue el anquilosamiento educacional que impero durante la época franquista: humor, ternura, maestría interpretativa, un decorado tan estético como funcional, y una punzante inteligencia para alertarnos sobre cuanto puede seguir rondándonos dicho fantasma son solo algunas de sus características. De un pavor abismal es la excelente estructura dramatúrgica, que aprovecha cada cuadro para introducirnos en las diferentes materias que componían “dicho”, valgan las comillas, pensum educativo, los grotescos personajes que las impartían y como a través de las ideas y prejuicios que le sostenían afectaban el imaginario y conformación social de lo niños que les cursaban, todo esto sin caer en soluciones melodramáticas o efectistas, sino con una simpleza propia de una tierna edad que permite a la fotografía de semejante tragedia revelarse en los aireados pensamientos y no en sentimentalismos baratos.


Florido Pencil

Siguiendo la veta humorística y con igual, aunque no tan dogmática, conciencia social, El grupo madrileño Ronlalá nos presentó Mundo y Final, friso de diversos sketch aparentemente inconexos entre sí que giran alrededor de la paranoia finalmundística. Si bien Tanttaka Teatroa lo conforman profesionales a carta cabal de las tablas, a las filas de Ronlalá nos encontramos con un quinteto de jóvenes de diferente venir estético pero unidos por un profundo gusto musical y la pujante fuerza de su juventud, últimas bajo cuyas lógicas se compone su espectáculo Mundo y Final. Un hombre que ordena vía telefónica la destrucción del mundo como si llamara a un restaurante de comida rápida es el punto de inicio y a partir de ahí todo puede pasar, que el mar se convierta en mamajuana, que Profetamus aproveche para sacar tajada, que un taxista te transporte desde la casa de tu nacimiento, sin evadir recoveco alguno hasta la residencia de tu muerte, que salga al aire un programa de radio para suicidas que buscan palabras de aliento, que un grupo de personas vea una obra sobre la destrucción del mundo y no se de cuenta de que efectivamente, o no tan efectivamente, pero que el mundo se está destruyendo… en fin, todo un cocktail de músicas, risas, payasadas y poesía, bajo cuya aparente ligereza se encuentra no solo una gran preocupación ambiental y cultural, sino también una elaborada manufactura teatral.


Mundo y Final

De ambas propuestas como ya se ha visto, considero que son ejemplo de construcción escénica para consagradas generaciones y emergentes valores del teatro dominicano que pudieran olvidar la creatividad y la ludicidad como principio y fin mismo de la comunicación escénica, cuya apología consideren no tanto estas palabras como la conexión entablada con los espectadores durante sus respectivas representaciones; pero sobre todo, un modelo a seguir de discursos inteligentes y con base, que saben saltar cualquier tipo de prejuicio o preconcepción artística para enarbolar en alto lo que es y debe ser el hecho escénico: algo vivo que ocurre entre actores y espectadores.
Ojala otras instancias culturales, oficiales o no, sigan el ejemplo del Centro Cultural De España programando muestras como estas, y que no tengamos que esperar a un cada vez más incierto festival internacional para que tanto los teatristas como el público del patio podamos confrontar nuestras creaciones con lo que sucede más allá de las aguas de nuestro Mar Caribe.

Por: Hamlet Bodden. Fotos: Zoilo Pimentel

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