El artículo escrito por Eli Von Datt y diseñado por Victor Datt, Cine Underground, tuvo problemas de compaginación en la edición de CHIVO. Este artículo fue apoyado por un evento que se desarrolló en el Museo de Arte Moderno (19-21 de Dic 08) , con muestras de cortos mencionados en el artículo.
Aquí anexemos el artículo completo, en el orden original. Disfrútenlo.
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Cinema Paradiso = es donde conviven las Flaming Creatures: artistas, travestis, activistas, bugarrones y las chicas de la socialite neuyorkina. Es que éste es un Cinema divertido, cinema de símbolos, cinema basura, cinema político, cinema del color de la sangre = Cinema Underground.El nacimiento de una nación
Probablemente la primera película (de D. W. Griffith, 1915) que por su intención política y estética llevó al cine a un nivel artístico del cual no gozaba anteriormente, debido a las críticas de ciertos intelectuales que lo consideraban como atracción de feria (en esas mismas ferias se presentaban clandestinamente las primeras películas pornográficas). Ésta es la relación directamente proporcional entre sexo, arte, religión y política que llevaría al cine a ser el portavoz de los principales movimientos del siglo pasado.
Si The Kiss (1895) de Edison fue el primer escándalo sexual del cine, un minuto de una pareja, ya madura, besándose, Warhol con su Kiss (1963) desconcierta hasta el día de hoy con su pansexual de besos, de casi una hora. De eso trata el cine underground: escandalizar, romper, expresar, denunciar y liberar un cine que ya estaba envejeciendo por sus gastadas fórmulas.
Pero antes de que los años sesenta llegaran y Nueva York se apoderara del circuito artístico mundial, el cine tuvo que pasar por un largo viaje de liberación. La válvula de escape se remonta a los inicios del porno – El Confesor (1918) de los hermanos Baños – llegando a Rusia y Sergei Eisenstein que hace un Strike (1924), o el cine ojo de Dziga Vertov y su El hombre y la cámara (1929); pasa por Alemania con el expresionismo (El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene, 1919) y lanza a Murnau, Lang y Pabst en la búsqueda de una nueva estética; y en Francia, con el Dadá y el Surrealismo representados por filmes tan importantes como Un chien andalou (1928) de Buñuel y Dalí, da oportunidad a que diversos artistas se expresen por este medio: Man Ray (fotógrafo), Jean Genet (escritor), Ferdinand Léger (pintor), Jean Cocteau (poeta y dramaturgo) y la danza en Entr’acte (1924) de René Clair.
Volviendo a los Estados Unidos penetramos en la vanguardia y el cine experimental, con artistas como Maya Deren, Stan Brakhage, Kenneth Anger, James Broughton y Gregory Markopoulos que hicieron películas – la mayoría cortometrajes – con una narrativa al margen de Hollywood e implementaron lo que sería la estética e ideología del cine underground, apoyados por las Nuevas Olas que surgían en todas partes del mundo e inspirados por compatriotas que se arriesgaron y realizaron largometrajes vivos y sinceros, como Shadows (1959) de John Cassavetes o The Connection (1960) de Shirley Clarke. Los protagonistas del underground darían la catarsis que el cine necesitaba.
Blue Velvet
Es probable que David Lynch no hubiera utilizado esa canción como título de su película si no hubiese visto Scorpio Rising (1963) de Anger. Sólo a una mente como la de Anger se le hubiera ocurrido mezclar imágenes de unos motociclistas lascivos con la canción de Bobby Vinton. Anger no era el único que tenia cierta devoción por el terciopelo, Andy Warhol también bautizó con esta tela al grupo musical más representativo del movimiento, The Velvet Underground, banda encabezada por Lou Reed y adornada por una Superstar llamada Nico, cantante y actriz alemana que formaba parte la factoría de Warhol.
Esta factoría, que sería la responsable de la producción más fructífera del cine underground, albergaba a todo tipo de personas que Warhol convertía en sus “Superstars”. La idea era que cada uno tuviera su minuto de fama y resultaron filmes que hasta la fecha nos dejan sin habla: Blow Job (1964), Sleep (1963), Vinyl (1965), The Chelsea Girls (1966), My Hustler (1965).
“No queremos más películas satisfechas, relamidas y falsas; las preferimos ásperas y escabrosas, pero vivas. No queremos más películas rosas, las queremos del color de la sangre.”
Esto es del manifiesto de 1962 del New American Cinema Group, grupo conformado principalmente por Jonás Mekas, precursor del cine diario, vanguardistas como Stan Brakhage, Shirley Clarke y cineastas independientes como John Cassavetes, que junto con otros realizadores y teóricos organizaron el cine underground, formando distribuidoras como la Filmmakers Cooperative , creando lugares de exhibición (cine-clubes y salas de arte alternativas), y difundiendo artículos en las principales revistas culturales de la época como Film Culture.
Este cine que formaría escuelas en las diversas ramas cinematográficas (la pornografía como industria, el cine independiente, el video arte, etc.) fue blanco de críticas por desafiar una sociedad al mostrar Flaming Creatures de Jack Smith (1963), donde los símbolos son más importantes que la lógica en si, y el Dog Star Man (1963) de Stan Brakhage ladraría tan fuerte hasta despertar en todas parte del mundo a un sinnúmero de locos que harían del cine su manicomio.
Zéro de conduiteSon las calificaciones que sucesores del cine underground obtendrían y es que los diablitos de Jean Vigo son unos angelitos delante de la generación del Trash Cinema (Basura), que vendría con filmes como Trash (1970) de Paul Morrisey y Mondo Trasho (1971) de John Waters, y fue mucha la basura que se desechó en esos días, basura tan buena que una imponente Divine no se contuvo en comérsela (un mojoncito de perro en Pink Flamingos de Waters, 1972). La basura se popularizó y hasta Hollywood llegó con un musical que se convertiría en película de culto: The Rocky Horror Picture Show (1975) de Jim Sharman. El Topo (1970) de Alejandro Jodorowsky le dio a México su lugar en las oscuras salas de cine donde amantes de lo chocante, lo filosófico, el travestismo, el sexo, la política y lo sicodélico podían apreciar las Midnight Movies que hemos olfateado.
Y en todos lados el underground influyó: Europa, Asia y Latinoamérica aportarían sus estruendos al cinema. El viejo continente tendría un máximo representante en Otto Muehl, personaje anárquico que hizo temblar al mundo del arte con sus cortometrajes sexuales llenos de secreciones donde la orina, el semen y la mierda eran los protagonistas (Sodomia, 1970). Otros cineastas ya establecidos como Pier Paolo Pasolini y su Saló o los ciento veinte días de Sodoma (1975), escandalizan con propuestas tan radicales que un círculo de la mierda sacaría de las cinematecas de hoy a un público que no acaba de asimilar nuevas propuesta estéticas y conceptuales. Rainer Werner Fassbinder y Werner Herzog (este último principalmente con sus documentales) harían junto con otros cineastas alemanes un cine político-social que también estaría ligado al movimiento. Si de cine político hablamos, el más radical se formó con El Grupo Dziga-Vertov que Jean-Luc Godard presidió junto a Jean-Pierre Gorin, ellos se aprovecharon de las virtudes del video y de un discurso maoísta para concienciar a una generación cada vez más consumista y frívola. Desde Asia un cineasta japonés respondió con un poema cinematográfico que al mundo entero sorprendió por mostrar el sexo explícito y hablar de la real pasión, El imperio de los sentidos (1976) de Nagisa Oshima.
El underground perduró y a los cineastas de La Movida inspiró, Iván Zulueta hizo Arrebato (1981) y Almodóvar aprovechó el momento para realizar una serie de películas que marcarían la historia del cine de España. Y señores: la República Dominicana está más cerca de Nueva York, era de esperar que un cineasta local también lo inhalara, fue Jean-Louis Jorge que con su Melodrama (1980) aportó a este movimiento una comedia de travestis mezclada con el kitsch latino.
Regresemos a Nueva York, donde en los ochenta el punk-rock hacía detonar a un grupo de realizadores que hicieron con sus cámaras el retrato más grotesco de su ciudad, filmado al igual que sus predecesores con defectos técnicos y en formato de cortometraje: el Cine de la Trasgresión se convirtió en el movimiento más hardcore hasta el momento, sus protagonistas rozaban en la locura. Richard Kern es el cineasta más inagotable del grupo (a pesar de su etapa de adicción a la heroína) y sus películas escandalizan al ciudadano más inmutable actual. En su The Manhattan Love Suicides (1985) presenta cuatro cortos donde la auto-destrucción y las violentas relaciones sentimentales son las protagonistas. Otros de la pandilla eran Nick Zedd, quien ideó el movimiento, Casandra Stara Mele, equivalente femenino de Zedd, y los polémicos Scott y Beth B., Tommy Turner y Tessa Hughes-Freeland.
Hablar del underground en un mundo overground gracias a la tecnología resulta difícil, si hoy por medio del Internet podemos ver todas las películas ya mencionadas, la pornografía más prohibida, los últimos ataques terroristas editados por las propias organizaciones extremistas, y si encendemos un televisor nos encontramos con todos los Reality Show imaginables. Hoy el cine underground no tendría cabida.